Biografias

Desde el enigma y la genialidad de Carl Friedrich Gauss, quien emergió como el "Príncipe de las Matemáticas" en el siglo XIX, hasta las contribuciones revolucionarias de Ada Lovelace, la pionera de la programación, en el mismo periodo, cada biografía nos ofrece una ventana única a las mentes que dieron forma a la evolución matemática. Atravesaremos el torbellino de emociones y desafíos de Évariste Galois, cuya corta pero intensa vida estuvo marcada por el fervor de sus descubrimientos en teoría de grupos y ecuaciones algebraicas. No nos olvidaremos de Emmy Noether, cuya elegancia matemática y perseverancia la llevaron a ser una figura destacada en la teoría de la relatividad de Einstein y la revolución en álgebra abstracta.

El siglo XX nos desvela a mentes visionarias como Alan Turing, el padre de la informática, cuyo trabajo en la descifrado de códigos durante la Segunda Guerra Mundial cambió el curso de la historia. Nos maravillaremos con el legado de Srinivasa Ramanujan, el autodidacta prodigio indio, cuyas intuiciones matemáticas dejaron boquiabiertos a los más eminentes matemáticos de su tiempo. A través de estas biografías entrelazadas por el hilo común de la pasión por los números, descubriremos las vidas detrás de las fórmulas, revelando cómo el contexto histórico, las personalidades vibrantes y las circunstancias únicas dieron forma a las mentes que transformaron el panorama matemático. Prepárate para un viaje que va más allá de ecuaciones y teoremas, adentrándonos en los corazones y las mentes de aquellos que tejieron las complejidades del conocimiento matemático que disfrutamos hoy.

Biografía Tales de Mileto


Tales de Mileto fue un filósofo, astrónomo, matemático y geómetra griego que vivió entre el 624 a. C y el 548 a. C en Mileto, actual territorio de Turquía durante su juventud se trasladó a Egipto. Allí aprendió geometría y otras ciencias estudiando con los sacerdotes egipcios. Su filosofía se caracterizó por romper con las explicaciones mitológicas del mundo y dar paso a un pensamiento racional y lógico.

Se cree que Tales de Mileto introdujo la geometría en la antigua Grecia luego de haber estudiado en Egipto En la actualidad existen dos teoremas que se aplican en el campo de la geometría y se le atribuyen a Mileto Se cree que los utilizó para medir la altura de las pirámides de Guiza, en Egipto, a partir de sus sombras. A Tales de Mileto se le atribuye un teorema geométrico de gran aporte a la geometría como lo es el teorema de Tales el cual está dividido en dos teoremas.

Primer teorema de Tales: Triángulos semejantes Afirma que si sobre un triángulo se traza una línea paralela (tomando como referencia alguno de sus lados), se obtendrá un triángulo más pequeño semejante al primero.

Segundo teorema de Tales: Triángulos inscritos Se aplica en geometría y hace referencia a los triángulos rectángulos, las circunferencias y los ángulos inscritos. Sostiene que cuando un triángulo se forma con el diámetro de una circunferencia y dos secantes, el ángulo que se forma frente al diámetro mide 90°. Además de otros aportes matemáticos que se le atribuyen a Tales como:

Un círculo se divide en dos partes iguales por su diámetro, Los ángulos que hacen a un triángulo isósceles son iguales, Si dos líneas rectas se interceptan sus ángulos opuestos son iguales y en un semicírculo su ángulo inscrito es recto.

Elaborada por: Sandra patricia Zambrano mogollón


ZENÓN DE ELEA


Zenón de Elea, actual Italia, hacia 495 a.C. – id., hacia 430 a.C.) Filósofo griego. Es el último representante, tras Jenófanes de Colofón y Parménides de Elea, de la Escuela Eleática, así llamada por haber nacido o residido sus miembros en Elea, antigua ciudad griega situada en la costa sudoccidental de la península itálica (cerca de la actual Salerno). Fue discípulo de Parménides, con el que, probablemente, se trasladó a Atenas a mediados del siglo V a.C., donde conoció al joven Sócrates, según testimonio de Platón.

Zenón escribió el libro en prosa Sobre la naturaleza, orientado a defender las tesis de Parménides. De él se conservan, como auténticos, cinco fragmentos, gracias al comentario de Simplicio a la Física de Aristóteles. El escrito se dividía en varias partes, a las que Platón denomina logoi o argumentos. Cada una de las partes contenía un cierto número de hipótesis o premisas de los adversarios, que reducía al absurdo para demostrar la tesis propia. El filósofo murió al querer liberar a su patria del tirano Nearco, que ejercía un poder absoluto y opresor.

Zenón de Elea no elaboró una doctrina propia, sino que se limitó a defender la de su maestro Parménides con razonamientos que, según dijo Aristóteles en su Física, “producen dolor de cabeza a quienes intentan resolverlos”. De hecho, Zenón fue el inventor indiscutible del razonamiento paradójico. No demostraba directamente la tesis del maestro, sino que, de forma más sutil, confutaba las confutaciones; es decir, demostraba que la opinión de sus detractores desembocaba en conclusiones todavía menos aceptables que las suyas. De acuerdo con el principio sentado por su maestro Parménides de que sólo existe el ser, y que éste es uno e inmóvil, Zenón dedicó sus esfuerzos a demostrar la inconsistencia de las nociones de movimiento y pluralidad.

Hoy conocemos sus argumentos a través de Platón y de Aristóteles. Los más célebres de ellos son sus paradojas a propósito del movimiento; así, la paradoja de Aquiles y la tortuga concluye que Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga en una carrera si le ha concedido una ventaja inicial. En el tiempo que necesita Aquiles para recorrer ese espacio de ventaja, la tortuga recorre otro, aunque más corto; mientras Aquiles recorre ese espacio más corto, la tortuga avanza otro poco, y así sucesivamente, de modo que entre ambos siempre mediará un espacio: como el espacio es infinitamente divisible, Aquiles nunca podrá alcanzar el punto final en un tiempo finito. De modo parecido, la paradoja de la flecha trata de demostrar que un objeto en movimiento se halla realmente en reposo, y la paradoja del estadio, que entre dos objetos que se desplazan a la misma velocidad, uno recorrerá el doble de distancia que el otro.

Una anécdota tan famosa como improbable refiere que Antístenes, no sabiendo refutar con razones los argumentos de Zenón, se levantó y se puso a andar, de donde habría surgido la conocida frase «el movimiento se demuestra andando». La misma historia se atribuye a Diógenes el Cínico frente a un discípulo de Zenón, al que ridiculizó no sólo andando, sino marchándose y dejándolo plantado. Según otras versiones, sin embargo, el duelo dialéctico terminó en tablas, pues Zenón argumentó que, con su acción, Antístenes no había demostrado el movimiento; únicamente lo había mostrado.

Las paradojas de Zenón, que se presentan como un reto para el pensamiento, han tenido una función decisiva en la historia de la filosofía. Ciertamente, es verdad que pueden ser desmentidas fácilmente observando el mundo natural (donde existen, sin duda, movimiento y multiplicidad); sin embargo, su fuerza se halla en el procedimiento riguroso, en la coherencia del razonamiento. El intento de resolverlas desde un punto de vista lógico mantuvo ocupados durante bastante tiempo a los filósofos griegos, en particular a Demócrito y a Aristóteles. Aristóteles ofreció una solución a estos argumentos, aunque incorrecta, y sólo se ha logrado una respuesta válida con los modernos conceptos de continuo e infinito.

Elaborado por María Julieth Obregón Áviles


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